El Colacho, cuando el mal anda suelto
Desde el siglo XVII y hasta nuestros días, el domingo siguiente al Corpus Christi, las gentes de Castrillo de Murcia (Burgos) se reúnen para una fiesta en la que se burlan del mal.
Un personaje que recorre el pueblo

El Colacho representa al diablo. Con su traje de colores llamativos y su máscara, transita las calles increpando a los lugareños y llevando una cola de caballo. Los vecinos, lejos de amedrentarse, le responden con burlas e insultos: es parte del juego festivo.
Flores, altares y el salto

A lo largo del recorrido, las gentes del lugar levantan altares de flores. Ante ellos se colocan colchones con los bebés nacidos durante el año, y el Colacho salta por encima.
Es el momento más conocido de la celebración, pero forma parte de una fiesta más amplia, vinculada al Corpus y a la vida comunitaria del pueblo.
Cuando el mal pasa de largo
En el simbolismo de la fiesta, el Colacho encarna el mal que la comunidad vence mediante su fe. El salto se interpreta popularmente como un gesto de protección: el mal pasa por encima de los pequeños sin tocarlos.

Después, los bebés son agasajados con una lluvia de pétalos de rosa. Año tras año, la escena vuelve a reunir a vecinos y visitantes.
Lejos de desaparecer, esta tradición mantiene su arraigo y está declarada Fiesta de Interés Turístico de Castilla y León.
Para seguir leyendo
Diputación de Burgos: Fiesta del Colacho
Jaime L. Valdivielso Arce: La fiesta del Colacho en Castrillo de Murcia (Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes)



